Cuando el detenido Nicolás Gutiérrez Mendoza confesó no solo un crimen sino toda una serie de violaciones y asesinatos, los detectives, la fiscal María Figueroa Avendaño y el defensor de oficio Fernando de la Cruz Aguado, quedaron impactados por la sangre fría y con la precisión de cada uno de sus demenciales actos.
La opinión pública también estaba asombrada por los asesinatos en serie que habían creado zozobra tanto en Lima como en Ica, y jamás se imaginaron que un muchacho delgado, endeble, aparentemente tímido pero locuaz, sería el psicópata que había hecho tanto daño.
Con espantosa sangre fría
“Yo les voy a contar todas las muertes que he ocasionado a las niñas”, empezó a confesar sin pausa, sin la necesidad que los detectives lo interrogasen y relató, con lujo de detalles, los lugares donde había cometido sus atrocidades y los lugares donde había dejado ocultos los cadáveres.
“A la primera la encontré por la Cruz de Parcona, le ofrecí diez soles y ella me acompañó para entregar la carta “a mi enamorada”. La llevé al corralón y allí la violé dos veces y porque gritó la asfixié y luego cuando estaba muerta la violé otras dos veces. La dejé en un pozo de tierra y sus ropas y mochila las tiré al río Chirana.
A la segunda la encontré por el mercado la Tinguiña en Ica. Con el mismo engaño la llevé a Parcona en micro. Ella me dijo que tenía diez años. Era muy amable y vivaz, pero no se dio cuenta que la estaba llevando al campo para violarla. Sí, a ella la violé dos veces y la ahorqué con un cable para luego tomarla otras dos veces en el descampado… En agosto me llevé a otra menor y le hice lo mismo una y otra vez y su ropa la tiré a la Chirana … a la cuarta niña la encontré en Marimón y me la llevé en un taxi tico plomo a la misma zona de Parcona, allí la violé varias veces, la ahorqué y tiré su cuerpo al pozo donde habían otros cuerpos…”, y seguía su relato ante el espanto de los presentes.
Para verificar lo que estaba confesando el grupo especial de investigadores de Homicidios fue hasta el lugar indicado y, en efecto, ante un cuadro de horror, encontraron cuatro cadáveres dentro de una poza de tierra, dos en un surco abandonado y otro debajo de una plancha de metal. El lugar, lo suficientemente alejado de la población de Parcona, donde casi nadie pasaba.
El “Monstruo de Parcona” había actuado obedeciendo a un plan preconcebido, tal como lo hizo en Pachacamac, Villa El Salvador y Villa María del Triunfo, lugares que andó y desandó maquinando su demencial ataque en agravio de inocentes víctimas.
Más pruebas
Los detectives necesitaban pruebas contundentes sobre la confesión de Nicolás Gutiérrez y hallaron en la casa de Parcona donde se escondía con su madre dos elementos que vinculaban las violaciones y muertes de Lima con las de Ica.
Estas eran: primero, en Parcona no tenían implementos de limpieza, lo que indica que no pernoctaban en el lugar sino en algún otro escondite. Segundo: en la cartera de su madre encontraron varios documentos en los que figuraban los nombres de cada uno de los detectives de Homicidios, de la fiscal y de sus respectivos teléfonos, investigadores de Lima a quienes había denunciado por acoso policial.
Pero además los peritos forenses habían recogido muestras de semen hallados en todos los cadáveres de las menores con la finalidad de realizar la prueba de ADN cuando cayese el depravado, empero esa prueba no se llegó a realizar en ese tiempo por costosa y porque demoraba varios meses.
Sin embargo, el médico forense Dr. Brizuela había encontrado en los restos de una de las menores un vello púbico que al ser comparado con los del detenido dio positivo.
Cambia de versión
Definitivamente el “Monstruo de Parcona” estaba plenamente identificado, sin embargo como todo psicópata empezó a desdecir toda su confesión y dijo que no había actuado solo y que lo había hecho en complicidad con sus amigos de José Gálvez de Villa María del Triunfo. Los identificó como “Chacal”, Ratón y Yataco, personas que fueron detenidas e incluidas en el atestado policial, pese a que cada uno de ellos negó semejante barbaridad.
Las declaraciones testimoniales de la pequeña Yerly, la niña que fue salvada por los agricultores Juan (28) y Carlos (25) Espino Castillo también fueron determinantes para que se le sindique como el principal autor de los asesinatos.
“Me engañó, primero me ofreció una gaseosa y como yo estaba sudorosa porque había jugado con mis amigas, le acepté y luego me dijo que me iba a pagar diez soles si le entregaba una carta a su enamorada, a quien no podía ver porque su familia no aprobaba su relación y que ella estaba desesperada esperando noticias de él. Me engañó y yo subí a un micro con él para ir hasta Parcona. Allí me llevó por el campo, por medio de los sembríos y yo me empecé a asustar, entonces me agarró fuerte de mi brazo y me llevó hasta el fondo, donde había una casa vieja y me metió dentro de ella.
Me amenazó con matar a mi mamá y yo le imploraba que no me hiciera daño, luego se subió para mirar por encima de la pared y se tiró al piso para salir corriendo, luego entró un señor y me dijo que no me asustara y me entregó a una señora.
Más tarde vi que lo atraparon y lo llevaron a Parcona”, dijo la niña haciendo el reconocimiento debido de su agresor.
El caso literalmente estaba resuelto pero…
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